Aunque todos los días del año la miro y remiro, admirando el mar que a unos cien metros de casa está con la marea baja y a menos si está alta , ayer pisé la arena de la playa de la Victoria de Cádiz. Me parece que no bajaba a la playa desde octubre o noviembre del pasado año. Hacía , pues , unos seis o siete meses que no me bañaba en las aguas de El Golfo de Cádiz . Tampoco lo hice ayer, aunque sí algo me mojé en sus aguas todavía frías. Tomé el sol , me paseé por la arena y parecía que no había pasado el tiempo cuando miraba el azul del mar y del cielo , las gaviotas , las barquitas pescando y , al fondo a la derecha , la catedral y las construcciones del casco antiguo de la ciudad. En efecto , todo parecía igual que en años anteriores aunque las embarazadas que paseaban por la orilla no eran las mismas que el año anterior , o , en caso de serlas , estaban de nuevo embarazadas. Vi a paseantes asiduos por los que tampoco , en la mayoría de los casos , parecía que había pasado el tiempo . No obstante , ni las gaviotas que picoteaban en la arena ni las que se bañaban en las aguas frías , serían las mismas como tampoco lo serían los paseantes . Ni las propias aguas porque el tiempo no pasa sino que huye como los romanos decían llevando toda la razón del mundo y que tantos hombres desconocen. Ni uno puede bañarse dos veces en el mismo río ni en el mismo mar aunque se pueda tropezar dos veces , o más, en la misma piedra.
Mi vuelta a la arenas de la playa de Cádiz , medio año después , me permitió sentir y ver el paisaje marino , urbano y humano que tantos hombres habrán sentido y visto desde épocas y tiempos muy anteriores. Paisajes y hombres que me precedieron en el caminar por la vida sin estar ya presentes , de forma material ,en ella aunque a primera vista pueda parecer que el tiempo no pasa y que las figuras y los figurantes son los mismos o semejantes Y así es : no pasa , sino que huye y corre que se las pela y nos avejenta. Nos sucedemos unos a otros y así sucesívamente . Los seres vivos nacemos , crecemos y terminamos muriendo nos pongamos como nos pongamos . Tampoco nosotros , como los mares y los ríos,. somos los mismos. Cambiamos en lo físico y en lo ideológico. Menos mal . Anclarse en los mismos principios que alguna vez se tuvieron , en caso de haberlos tenido, sin adaptarse a la evolución de los tiempos , considero que es algo tan erróneo como pensar que nos podemos bañar dos veces en el mismo río o en el mismo mar ; aunque así pueda parecer.y tantos lo piensen. Los cambios , cuando me refiero a la adaptación inteligente de las personas a los tiempos que fuyen , debieran ser para bien. No para mal ni para seguir empecinados en los propios errores pues la realidad es cambiante . El escribidor escribe estas letras sobre la etiqueta de FILOSOFÏA porque cree que amor al conocimiento hay en ellas. Al conocimiento, al hombre sea más torpe o más lúcido, y , naturalmente , a la naturaleza de la que ayer volví a disfrutar. A la sabiduría.
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