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EL BLOG DE GUILLERMO ÁLVAREZ DE TOLEDO PINEDA. Blog independiente y de temas multicolores. Entre ellos , el tema estrella : Historia de los Álvarez de Toledo Golfín. Etiquetas temáticas en la parte inferior y lateral con las gracias por entrar y leerme.Unas gotitas de humor no van mal en la cazuela de la VERDAD y mucho pueden decir.

sábado, 21 de julio de 2018

ME VEO CARA , OJOS , DE ASUSTADO.

Los tenía en fotos de cuando era muy niño. Menos de un año ,  meses , debía tener cuando en brazos de mi madre y con  trajecito de piqué   nos hicieron la foto que hoy tengo en mi mesilla de noche.
Margarita , mi madre , parece  ufana con su hijo en brazos. Yo  parezco  temeroso de que algo pueda  salir del  objetivo de la máquina fotográfica.
En buen número de fotos advierto que   mi mirada va cambiando  al tiempo que descubriendo    las cosas del mundo ,  sueño tras sueño y amanecer tras amanecer. Va adquiriendo   el brillo que la  ha caracterizado siempre   y lo sigue caracterizando a pesar de que  la juventud ya se halla lejos.
La expresividad de mi mirada era tal que un amigo me llegó a decir que con sonreír a las niñas ya las tenía en el bolsillo.  No era  así .
La inicial mirada de asombro que advierto en mis retratos de muy  niño dio paso a una mirada alegre y risueña que , aun tras los cristales de las gafas que me hubieron de poner a los doce años , era inquisitiva.
Solía preguntarme el porqué de las cosas  hallando respuestas que no en todas las ocasiones eran respondidas ,  acertadas y ciertas.  El hombre es como es digamos lo que digamos y opinemos de él lo que opinemos. Siempre ha sido y será así aunque mucha gente no lo quiera ver e intente cambiarlo. Lucha inútil.
Recuerdo el momento en el que , por primera vez , me pregunté por la muerte.  El momento y en la calle donde se produjo la impropia autopregunta de un niño de doce años que todavía sabía poco de la vida porque poco había vivido.

Años más tarde  , al morir mi  abuelo Pepe Pineda  , papápepe , mi padre me cogió de la mano y me llevó a ver el cadáver de mi abuelo . Es para que te vayas familiarizando con la muerte , me dijo. Pensé , sin responderle , que llevaba tiempo dándole vueltas a mi cabeza sobre ella    y pidiendo a Dios que fuese buena.

Yo , tras el entierro , volví a casa con mis padres  y ellos volvieron a salir sin decirme a dónde iban . Estaban seguros de dejarme en buenas manos.

Tendría entonces  catorce  años y jugaba al fútbol en el equipo de  mi colegio. Guardo algunas fotos de aquellos años de mozo deportista . En ellas , sin gafas , se aprecia mi mirada inquisitiva , bondadosa y mi habitual sonrisa. 

Ahora , reviviendo  aquellos años que se fueron y nunca volverán ,  desde la atalaya de cierta edad  (tópico que me ha salido) veo las cosas de manera muy distinta . La realidad , mi realidad  , es muy otra a aquella ,  diferente. Otra cosa significaría  haberme  quedado varado , como las sirenas , en alguna playa de aquella época . Sería como no haber vivido mi vida con las cosas buenas que me han ocurrido y las malas también porque de todo hay como en la vida de cualquiera.
Mis depresiones han marcado la última década de mi existencia , con el paréntesis de unos cuatro o cinco años , limitándome en todo .  Quizá la primera me diese la cara y yo no viera  los síntomas. Los advirtió Glaukopis .
 Malos , muy malos años pasé en los que vi la cara de cosas execrables  cerca . Tan próximas que creí haberme llegado la hora . Superé el bache y renací . Pensaba que no volvería a caer en el abismo anímico pero lo hice.
En cuanto conocedor de sucesos familiares  próximos y lejanos , hice la historia de  mi familia paterna desde  la segunda mitad del siglo XIV y tiempos anteriores  hasta la actualidad ; sé , por tanto ,  los caracteres endógenos, algunos son exógenos ,  de mis depresiones y de donde vienen.  . Los llevo en la masa de la sangre por Toledo , por Pineda que yo sepa no , y probablemente de aquí y por ello que la medicación apenas dé frutos.  No sé qué sería de mí sin Glaukopis y sin  tratamiento . 
Gracias a ella y a  éste  voy tirando y tecleando con ojos que no han perdido la capacidad de admirar las cosas bellas de la vida. Observándolas me conformo en cuanto que poco necesito. 
A veces mis ojos se asustan de lo qué ven pero siguen viendo  , por el momento, con mirada expectante.  Tratando de alcanzar algo que puede ser  inalcanzable: los porqués ciertos de todas las cosas.

Hoy  habiendo escrito sobre algunas vivencias y cosas conocidas , algunas nuevas , ya  he cumplido con la obligación que me impuse. No siempre la cumplo .
Dentro de un rato bajaré a la playa . Glaukopis me espera esperanzada en que yo vuelva a ser como fui  antes de la depresión . Como era antes y como   ahora estoy  es como en realidad soy. Durante diez años , que se dice pronto , he padecido el mal . Afirmar que veinte o diez años no es nada es aplicable a otros asuntos y temas . No a éste. 




   





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