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EL BLOG DE GUILLERMO ÁLVAREZ DE TOLEDO PINEDA. Blog independiente y de temas multicolores. Entre ellos , el tema estrella : Historia de los Álvarez de Toledo Golfín. Etiquetas temáticas en la parte inferior y lateral con las gracias por entrar y leerme.Unas gotitas de humor no van mal en la cazuela de la VERDAD y mucho pueden decir.

jueves, 12 de septiembre de 2019

UN CUENTO DE FINALES DE VERANO ...INCREÍBLE A MÁS NO PODER.

 Érase una vez un día  tibio  de septiembre  .  Emilio , desde la orilla del mar , vio lo que vio : vio a  un hombre que nadando contracorriente  se engolfaba  mar adentro.
 Las aguas del mar de Cádiz , encrespadas ,   impedían al nadador  , pensaba  Emilio ,   volver a una orilla que se alejaba por momentos   .    A pesar de esto,  el hombre continuaba nadando distanciándose cada vez más  de la línea de costa . Parecía que la lejanía  le importaba un comino.
 Emilio , sentado en su sillón dunero que a veces, en noche de Luna llena ,  ejercía el oficio  de  lunero ,    lo veía y pensaba que bien se podría tratar   de algún atleta nadador y , en este caso ,  prefería ser cauto y precavido antes que avisar a alguien  o dar la voz de  alarma  en falso .

 La realidad era que   la resaca , entre otras razones de peso ,  lo obligaba a bracear de esta forma. Entre las razones aludidas como pesadas  , cada una pesaba al menos  cuatro o cinco  kilos ,  estaba aquella consistente en que  hombre trataba de huir de la ciudad en la que había nacido y llegar , nadando , a las costas de África .  No intentaba lograr algún récord sino escapar  de la presión a la que se veía  sometido por el simple hecho de ir siempre en contra de la corriente y ser un bebedor empedernido   . Era  esta   la de mayor peso .

Pensaba el nadador que en África , en las costas marroquíes que se debían encontrar varias  millas   más allá , alcanzaría su plenitud y no tendría que nadar en contra de corriente alguna  . Aquellas orillas de Marruecos no se hallarían muy lejos de Tánger  según sus cálculos . No estaba muy equivocado   Andrés , así se llamaba el nadador observado por Emilio , de lo que había calculado    desde tierra y  estando  en  su casa .

A veces , como   las olas del mar estaban  fuertes , Andrés   tragaba algo de agua salada que de inmediato   expulsaba por su boca . El sabor salobre que entonces notaba no era óbice que le impidiera mover brazos y piernas en su denodado esfuerzo por llegar a la orilla en la que creía que se  ataban los perros con longaniza .
 El lugar elegido no era el más adecuado para que se diese esa circunstancia pero otras costas más próximas que no fuesen soberanía española , de las que  huía nadando   , no era consciente de  que existiesen ; salvo las portuguesas . Para alcanzarlas se vería obligado a atravesar las desembocaduras de dos ríos , uno de ellos fronterizo y el otro más grande y caudaloso ;  y no estaba su horno para estos bollos. 

De pronto el rastro que Emilio seguía  desapareció antes  de que Andrés alcanzase  la última boya .  Fue entonces cuando el observador  se acercó al puesto de vigilancia que más próximo estaba  y dio el aviso de lo que él consideraba como  desaparición de un nadador .

Tres lanchas se dirigieron con celeridad a la zona del mar en la que el nadador  pudiera haber  desaparecido , viendo un tripulante  de una de las  lanchas motoras   que un hombre de mediana edad , a quien  supusieron  el nadador  que había desaparecido en el agua y de quien  desconocían tanto su nombre como sus apellidos , se mostraba   , ileso y  sonriente , entre las  fauces de afilados dientes  de un tiburón tigre que lo devolvió , sin herirlo e inmaculado  , al agua salada y fresca en la que lo había , sin querer , atrapado al abrir su enorme boca en su intento por  engullir pececillos .

 No sigas hacia el lugar al que te diriges , dijeron al unísono el tiburón tigre y   parlante   y el hombre de la lancha   que lo había visto .  Cambie su dirección y regrese   de inmediato  a Cádiz porque no merece la pena nadar  hacia las costas marroquíes. Lo que está usted haciendo es nadar   hacia territorios más pobretones que su   Andalucía . 
 Como en España no se vive en ningún otro lugar del planeta Tierra ,   finalizó diciendo antes de especificar el hombre que lo había salvado que sus  palabras no eran producto de chauvinismo alguno  .
 El gran pez , una vez que soltó su presa como la ballena soltó a Jonás y después de haber dado el consejo oportuno a Andrés , se zambulló  en las profundidades marinas sin volver a decir nada y formando un remolino en las frías aguas  .
 Andrés , obedeciendo al hombre y al tiburón ,   cambió el rumbo de las brazadas  y siguió nadando hacia  la ciudad que lo vio nacer llegando extenuado  a las arenas de la playa de la Victoria  .

 No hacía tres horas que había intentado , sin éxito , alcanzar las costas   de Marruecos adentrándose en el mar desde Cádiz y un hombre bueno y  un tiburón también bueno  lo habían salvado , exhausto pero plenamente consciente y sonriente  , de morir ahogado .
 De Emilio nada más se supo ...Del tiburón tigre que habló , tampoco ...   . De Andrés sí . Al llegar a Cádiz dijo que se encontraba peneque cuando empezó a nadar intentando hacerlo  contra corriente y llegar a África pero la resaca era fortísima . Del hombre que lo vio zafarse  de los dientes puntiagudos  del tiburón tigre se conoce  solo su nombre , Pepe , pero ni su primer ni segundo apellido .

Como todo cuento debe tener su moraleja ; la de este es que nunca se debe sobrepasar uno en la bebida . Andrés , sin duda buen nadador  , solía hacerlo  . 

  

1 comentario:

Mari Carmen dijo...

Paso corriendo. Buena entrada.

Abrazos.